CARTA
ABIERTA A LOS PACIENTES DE ANDRES BALLESTEROS
EL FIN DEL HOMBRE MILAGRO
Una profunda tristeza... Esa es la conclusión a esta
investigación que, en mi caso, se inició hace
tres años...
Conocí a Andrés Ballesteros en 1999. Y desde
aquella primera visita a Campanillas (Málaga); desde
aquellas primeras operaciones de “cirugía mediúmnica”
que presencié -y en alguna de las cuales colaboré
asistiendo a Andrés en las intervenciones-; aquellas
primeras conversaciones con Andrés; y aquellas primeros
“testimonios del milagro” recogidos entre sus
pacientes, el “curandero más espectacular de
España” estaba presente en mi pensamiento cada
cierto tiempo. Andrés podría ser la respuesta
a todas mis preguntas, la llave para abrir la puerta del misterio
y desvelar las tinieblas que abrazan el mundo de lo paranormal
desde la noche de los tiempos. Si lo que mis ojos habían
visto era lo que aparentaba, y si los relatos que mis oídos
habían escuchado reflejaban hechos objetivos, me encontraba,
después de tantos años de angustiosa búsqueda,
ante un trascendental fragmento de La Verdad. Y exactamente
eso es lo que creen cientos, quizás miles de seguidores
de Andrés en toda España. Aparentemente Andrés
Ballesteros presentaba en su piel los estigmas de la pasión
de Jesucristo. Teóricamente era capaz de “adivinar”
en el agua de una palangana todos los problemas físicos
y psíquicos de sus pacientes. Supuestamente la “energía”
que emanaban sus manos podía abrir el cuerpo de los
enfermos –como si de un bisturí invisible se
tratase-, para extirpar tumores, reparar arterias, “limpiar
la sangre”, etc, cerrando las espectaculares heridas
si dejar ni la menor cicatriz. Presuntamente sus manos generaban
una llamativa luz fosforescente, que aplicada sobre los enfermos,
aliviaba sus dolores... ¿Qué más podía
pedir?
Yo había visto con mis propios ojos la luz que “manaba”
de las manos de Andrés. Había visto varias operaciones
e incluso había podido ayudarle en alguna de ellas,
tirando de las piernas del paciente, mientras el manipulaba
lo que parecía una columna vertebral asomando entre
los algodones ensangrentados que rodeaban la herida abierta
en la espalda del enfermo. Había recogido docenas de
testimonios, desbordantes de agradecimiento, de los agradecidos
enfermos que habían puesto sus vidas en manos de el
curandero de Campanillas. Y lo que más me impresionó;
había podido disfrutar de la entrañable conversación
de aquel hombre del campo, de parca formación cultural,
escasos recursos académicos, y nula formación
teológica. Sin embargo Andrés parecía
conocer profundamente las Sagradas Escrituras. Yo estudié
teología durante cinco años (más los
que he dedicado a estudiar el cristianismos fuera ya del seno
de la Iglesia Católica), y podía certificar
que los conocimientos bíblicos de Andrés –aunque
de marcada tendencia protestante- eran cuando menos desconcertantes.
Por todo ello, y por mucho más, yo acudí a
Andrés como buscador, nunca como investigador, y menos
aún como periodista. En aquellos primeros contactos
con Andrés Ballesteros no se me pasó por la
cabeza tomar una sola fotografía, ni grabar un solo
minuto... ni siquiera tomé notas. Algo que tan solo
había hecho en dos ocasiones en los veinte años
que llevo dedicado a la investigación paranormal: durante
los días que pasé con el médium brasileño
Luiz Antonio Gasparetto, y cuando pude conocer personalmente
al otrora antropólogo, y después chamán,
Carlos Castaneda. Ni una foto, ni un minuto de grabación,
ni una nota en mi cuaderno. Quienes me conocen saben de mi
compulsiva obsesión por anotar, fotografiar y grabar
todo. Esta es la única forma de poder compartir posteriormente
todos los hechos tal y como ocurrieron. Pero Gasparetto, Castaneda
y Andrés Ballesteros no eran algo que pensase en compartir.
No eran un caso rutinario, ni una entrevista, ni un reportaje.
Aparentemente eran un punto de inflexión en mi trayectoria
como buscador. Su experiencia (y su aparente calidad humana)
desbordaban mi capacidad como investigador, y me devolvían
a los años de devocional vocación religiosa.
A aquella feroz hambre de Verdad que un día me acercó
a la Iglesia Católica, y que ahora me llevaban hasta
una pequeña barriada en la periferia de Málaga.
Por todo ello. Por la trascendencia que encerraba la posibilidad,
por remota que fuese, de que Andrés Ballesteros pudiese
reventar nuestra percepción de la realidad, nuestro
paradigma newtoniano, nuestra concepción del universo,
decidí que sería totalmente sincero. Impecable.
Y por eso, cuando, finalizada su jornada de trabajo, disfrutaba
de una generosa cena, a la que me había invitado Andrés
en compañía de sus mas cercanos, tuve que responder
con toda trasparencia a su pregunta. Me interrogó sobre
lo que había visto, y le respondí lo único
que podía: la verdad. Creía que un hombre tan
trasparente, tan aparentemente ingenuo y sabio a la vez, presuntamente
dotado de poderes tan espectaculares, podría leer en
mi mente. Sabría que cuando le dijese que estaba impresionado
por lo que había visto, aunque no podía garantizar
a nadie que fuese algo sobrenatural, entendería que
le hablaba con el corazón. Y que cuando le dijese que
necesitaba alguna prueba mas sólida, algo irrefutable
–ya que lo que había visto hasta entonces yo
podría reproducirlo con trucos de ilusionismo- podría
escrutar en mi alma y ver que mis intenciones eran sinceras.
Pero no fue exactamente así. Reaccionó con una
cierta violencia, que yo interpreté como fruto del
ego, intrínseco a la naturaleza humana, que todos tenemos
en menos o mayor medida, sin que ello afecte a nuestra calidad
como personas. Y es que todos, hasta Andrés, somos
humanos...
Me desconcertó que aquel “hombre milagro”
no entendiese mi prudencia, ya que yo no le había visto
abrir ni cerrar el cuerpo en las operaciones importantes.
Como hacía con todos los demás testigos que
yo interrogue, me invitaba a salir de la habitación
justo antes de empezar a “abrir”, permitiéndome
entrar de nuevo en la sala cuando el enfermo ya tenía
la espalda abierta, los órganos extraídos sobre
el cuerpo, etc. Haciéndome salir de nuevo antes de
cerrar la herida. En otras palabras, yo solo había
visto un ser humano tumbado en la camilla, con una herida
–a veces muy espectacular- en el cuerpo, y posteriormente
veía salir a ese enfermo de la habitación, sin
la menor cicatriz.
Solo pude presenciar las operaciones de “limpieza de
sangre” completas, cuando operaba a una persona más
o menos rellenita, y siempre por detrás de una línea
de sal que Andrés marcaba en el suelo, a unos 2 metros
de la camilla donde operaba, impidiendo, a esa distancia,
que se pudiese percibir ningún detalle de la apertura
y cierre de la herida. En otras palabras, ni yo, ni ninguno
de los testimonios que recogí, podría afirmar
que vio como los “rayos laser” que supuestamente
salen de los ojos de Andrés, o la “luz”
que mana de sus manos, rasgaban la piel, abrían la
carne, y permitían que el curandero arrancase el intestino,
el riñón, o cualquier otro órgano. Sin
embargo que yo no hubiese podido presenciar todo el proceso,
y que no conociese a nadie que lo hubiese presenciado, no
significaba que todo fuese un fraude. Pero Andrés no
comprendía mi prudencia. No me importó, y disculpé
su suspicacia.
Lo que no pude comprender fue la llamada que me hizo Andrés
meses mas tarde: “Alguien de Madrid y que te conoce
bien me ha dicho que vas diciendo en la radio que lo que hago
yo es mentira. ¿No te da vergüenza, después
de lo bien que yo te he tratado?”. Naturalmente yo no
había hecho ningún comentario sobre la autenticidad
o falsedad de los poderes sobrenaturales de Andrés
Ballesteros. Tan solo, y durante el transcurso de una entrevista
con la Dra. Ana Cisneros (emitida en Mundo Misterioso el 31
de enero de 1999), con quien había coincidido en Campanillas,
había comentado que acabamos de regresar, pocas horas
antes, de visitar a un curandero excepcional... ¿Por
qué entonces Andrés daba crédito a aquella
calumnia? ¿Acaso “Jonathan” –el ser
espiritual que supuestamente lo acompaña desde niño-
no conocía la verdad? ¿Dónde estaban
sus poderes clarividentes?
Evidentemente, y a pesar de lo visto en Campanillas, las
supuestas capacidades extrasensoriales de Andrés eran
falibles. Yo jamás había sugerido que sus operaciones
psíquicas fuesen un fraude, ni tampoco había
dicho que fuesen auténticas. Simplemente había
guardado un respetuoso silencio al no tener pruebas irrefutables
en un sentido u otro. Sin embargo Andrés Ballesteros
y yo nos enzarzamos en una acalorada discusión, que
por momentos rozó el insulto personal, al acusarme
de algo que no había hecho. Confieso que en un primer
momento disculpé la torpeza de Andrés (y del
despistado de “Jonathan”) al atribuir aquella
difamación a alguno de mis abundantísimos enemigos
en el mundo paranormal español. Alguien me dijo que
Manuel Delgado, Iker Jiménez y otros componentes de
la revista Enigmas habían visitado Campanillas, y supuse
que ellos eran los responsables de esa nueva calumnia. Habían
practicado ese juego en muchas otras ocasiones para enemistarme
con viejos amigos como J.J. Benitez, J. Sierra, etc. poniendo
en mi boca auténticas barbaridades que jamás
había dicho (creo que he dejado muy claro en todos
estos años que cuando tengo algo que decir sobre alguien,
lo hago directamente).
Confieso que me sentí furioso. En España no
existen “cirujanos mediúmnicos” como en
Filipinas o Brasil. Y son muy pocos los “dotados”
que en la historia de la parapsicología española
podrían equipararse a Andrés en cuando a la
contundencias de sus supuestas capacidades sobrenaturales.
Y mis esperanzas de encontrar una prueba irrefutable, un argumento
contundente, una evidencia incontestable, de que existen “otras
realidades”, parecían haber sido abortada por
una repugnante calumnia. Andrés había cerrado
las puertas a mis esperanzas de profundizar en su caso y conocer,
de su mano, ese supuesto mundo sobrenatural donde sus estigmas,
sus operaciones de “cirugía psíquica”,
la luz de sus manos, su guía “Jonathan”,
y sus poderes telepáticos y clarividentes, parecían
la mejor demostración de que nuestros científicos,
filósofos y teólogos están equivocados...
y hay “otros mundos” y “otras realidades”...
Y así, con la angustia de haber perdido, injustamente,
el mejor caso al que un buscador podría aspirar, transcurrieron
varios meses.
Tardaría tiempo en averiguar que la autora del falso
rumor era una tal Yolanda (perteneciente al Centro Proyecto
Dorado de Madrid, donde Andrés pasaba consulta todos
los meses). Aunque su intención fuese perjudicarme,
debo estar agradecido a la tal Yolanda (que por cierto no
me conoce personalmente), ya que fue la primera en demostrarme
que las dotes visionarias del curandero y su ser no eran tales.
Finalmente Ballesteros terminó reconociendo su error,
y disculpándose conmigo por su irracional e injusto
arrebato de cólera, pero la duda estaba sembrada. ¿Cómo
era posible que si tenía tales poderes, y un ser sobrenatural
que le advertía de todos los peligros contra él,
tanto Andrés como su ser hubiesen sido engañados
por un falso rumor contra mi? ¿O acaso no existían
tales poderes ni tal ser sobrenatural?
Aún con esa sombra de duda en mi corazón, a
principios del 2001 acudo a Sevilla para participar en una
emisión del programa Espacio en Blanco con publico.
En muchas otras ocasiones (Valencia, Zaragoza, La Coruña,
etc) había acudido a los programas que Miguel Blanco
realiza de cara al público, en diferentes ciudades
españolas, para realizar demostraciones de mentalismo
e ilusionismo, con objeto de mostrar al público de
Espacio en Blanco como un prestidigitador puede realizar falsas
demostraciones de telepatía, telekinesis, clarividencia,
dermografías, levitación, etc. En aquella ocasión,
y durante el transcurso de una entrevista sobre los fenómenos
paranormales en la comunidad Andaluza que yo había
investigado durante los últimos 10 años, Miguel
Blanco me preguntó abiertamente mi opinión sobre
Andrés Ballesteros. Y respondí –ahí
esta la grabación del programa- lo mismo que le había
dicho a Andrés dos años antes. A pesar de lo
que había visto y recopilado en Campanillas, yo no
podía afirmar que los poderes de Andrés fuesen
genuinos, ni tampoco que fuesen un fraude. No tenía
elementos de juicio suficientes –aunque yo pudiese reproducir
y mejorar la supuestas operaciones mediúmnicas de Ballesteros
con técnicas de ilusionismo- para demostrar irrefutablemente
una cosa ni la otra. Sin embargo –respondí a
Miguel- tenía la esperanza de poder ahondar en ese
caso en el futuro...
Y, como en tantas otras ocasiones, el universo conspiró
para que esa esperanza se viese realizada pocos meses después.
En el verano del 2001 Dulce34 (nick de una contertulia habitual
en Mundo Misterioso) tenía la generosa amabilidad de
organizar en Málaga la presentación de mi libro
“Los Expedientes Secretos”, por iniciativa propia.
Por una insólita casualidad (¿causalidad?) esos
mismos días recibía una llamada de Luisa Alba,
la investigadora que más había promocionado
a Andrés Ballesteros durante los últimos cuatro
años, requiriendo mis servicios como investigador especializado
en fraudes paranormales. Luisa, visiblemente angustiada, solicitaba
de mi opinión como ilusionista, y me pedía que
reabriese mis investigaciones sobre el caso Ballesteros. Cuando
le respondí que “casualmente” esa misma
semana estaría presentando mi libro en Málaga
no podía dar crédito. Así que, aprovechando
esa insólita coincidencia, decidí volver a visitar
a Andrés en Campanillas.
Cuando volví a la consulta de Andrés Ballesteros
sentía el mismo voraz apetito por encontrar un pedazo
de “Verdad” que llevarme al alma. Un trozo de
evidencia sobrenatural con el que saciar mi hambre de pruebas.
Y con toda la apertura mental de que soy capaz, retomé
la investigación donde la había dejado años
atrás.
Durante los 3 meses siguientes prácticamente me mudé
a Campanillas; asistí a nuevas operaciones, recabé
nuevos testimonios, escuché nuevas disertaciones bíblicas,
y reuní todas las evidencias posibles a favor de Andrés...
Desgraciadamente las “pruebas” que Andrés
Ballesteros me ofrecía se desmoronaban por si mismas.
El espectacular video de una operación de cerebro
que me mostró en repetidas ocasiones –como su
gran “plato fuerte”- no dejaba ver en ningún
momento la cara ni la cabeza completa de la supuesta operada.
Tan solo un plano corto de un amasijo de carne que Andrés
toquetea con un bisturí. Y de pronto la cinta se corta
e instantáneamente se ve ya el cráneo intacto
de una mujer... ¿Cómo es posible que si Andrés
quería con eso tener una prueba con la que callar a
los escépticos no grabase ni como abre ni como cierra
el cráneo, ni siquiera un plano en que se vea la cara
del enfermo y que realmente su cabeza esta abierta?. Sin embargo,
que dicha filmación no probase nada, y al contrarío,
resultase extremadamente sospechosa, tampoco significa que
todas las operaciones de Andrés fuesen fraudes.
Otro día me sorprendió encontrar semiescondidos
en su casa, una gran colección de libros editados por
los Testigos de Jehová (que luego localicé y
consulté en varios Salones del Reino). En dichos libros
se incluían todos los conocimientos bíblicos,
supuestamente inspirados por Jonathan, de que hacía
gala Andrés. Aun tardaría un tiempo en saber
que durante 15 años Andrés había pertenecido
a la conocida secta, adquiriendo gran experiencia en el trato
con la gente, y en la psicología callejera, vendiendo
la Atalaya y El Despertar en varios pueblos malagueños.
Pero eso solo significa que sus conocimientos bíblicos
no eran de inspiración sobrenatural, y no que fuesen
falsos ni auténticos.
También me encontré, tanto en el domicilio
habitual de Andrés en Campanillas, como en su casa
de campo en Casarabonela, libros especializados en temas paranormales,
de Colin Bloyle, José Antonio Campoy, Jesús
Callejo, etc. Evidentemente la pretensión que defendían
los seguidores más fanatizados del curandero, de que
era un hombre analfabeto cuyos conocimientos se debían
a las revelaciones de Jonathan, el ser espiritual que lo acompañaría
desde niño, eran incorrectas. Andrés, como el
mismo me demostró durante las horas, días y
semanas que pasé visitándole en su casa, en
su finca, en su consulta, etc, se mantenía muy al día
en campos como la ufología, la parapsicología,
y lo paranormal en España, a través de revistas
y programas de radio especializados, libros, etc... En otras
palabras, sus discursos sobre las energías, sobre el
mundo de los extraterrestres, o sobre los seres “elementales”,
etc, podían ser fruto de sus revelaciones sobrenaturales...
pero también de los libros que leía sobre dichos
temas...
Durante los tres meses que pasé pegado a él
como una lapa, reconozco que estuve a punto de ser seducido,
como tantos otros, por la magnética personalidad de
Andrés Ballesteros. Tanto él, como toda su familia,
terminaron por ganarse mis simpatías. Y quienes han
seguido esta investigación mientras se estaba produciendo,
saben de los enormes esfuerzos que he tenido que hacer para
conseguir distanciarme emocionalmente del objeto de mi investigación.
Como he publicado anteriormente, a mi juicio un investigador
no debe establecer lazos afectivos con el testigo o con el
protagonista del caso que esta investigado, si no quiere perder
su objetividad. Sin embargo ese estrecho contacto con la familia
Ballesteros me ha servido para comprender la demoledora componente
emocional del caso. Los abundantes defensores de Andrés
no lo son porque tengan pruebas objetivas, científicas
o racionales de que el curandero obra fenómenos paranormales,
sino por la incontenible simpatía que sabe producir
en sus pacientes. Sus espectaculares estigmas, campechana
forma de hablar, su aparente incultura, lo convierten en un
hombre tan espiritualmente atractivo como entrañable.
Y es que 15 años de trato con la gente de la calle,
durante su permanencia a los Testigos de Jehová, son
una excelente escuela de psicología.
Para esos devotos seguidores Andrés Ballesteros era
mucho más que un curandero. Era un místico,
un visionario, un santo, un auténtico líder
espiritual. En las muchas docenas de horas que me pasé
en la sala de espera de su consulta escuché constantemente
frases como: “Andrés es un ser único en
el mundo”; “Después de Cristo, Andrés”;
“Que no nos falte nunca, porque yo no sabría
que hacer sin él...”, etc. Quiero subrayar este
aspecto emocional del caso, porque lo considero fundamental
para comprender lo que ha ocurrido.
Y de esos mismos pacientes, seguidores y “discípulos”,
rendidos a los pies del Maestro, del “Mesías
de Campanillas”, escuché una y otra vez los mismos
argumentos:
“Andrés no cobra nada por sus operaciones, tú
le das la voluntad”. Esto es cierto, sin embargo, si
Andrés convence a una persona de grandes recursos económicos
de que le ha curado un cáncer ¿cuánto
dinero vale ese servicio?. Si bien la media de las donaciones
podía oscilar en torno a las 5.000 pts en los casos
de pacientes humildes, yo mismo he recogido el testimonio
de personas que han entregado a Andrés la “voluntad”
de hasta 2.000.000 de pesetas. (Repito: DOS MILLONES de pesetas).
Y no hablo de un caso aislado...
Otros, desbordantes de agradecimiento, o simplemente fascinados
por la personalidad de este nuevo Mesías, le entregaban
regalos, propiedades, o favores, imposibles de valorar económicamente.
“Andrés solo opera con Luna Llena, y si quisiese
hacerse rico podría consultar todos los días”.
El argumento es coherente, aunque en realidad Andrés
recibía pacientes también en cuarto creciente
y menguante. Y durante meses, mantenía además
de en Málaga, otra consulta paralela en el Centro Proyecto
Dorado de Madrid, donde también operaba. Esta vez con
tarifa fija de 7.000 pts por intervención, más
donativos aparte. Realmente, yo no se si Andrés podía
recibir más pacientes de los que recibía, ya
que durante horas y horas, recibía a un paciente tras
otro, terminando la jornada completamente agotado. Y, sinceramente,
las cifras millonarias que Andrés recaudaba cada mes,
creo que eran más que suficientes para saciar la ambición
económica del más pintado. Aprovecho para decir
que nunca he pensado que el económico pudiese ser el
móvil de Andrés. Ganaba muchísimo dinero,
pero no creo que ese fuese su objetivo, sino más bien
un beneficio añadido...
“Hay fotos y filmaciones en video de las operaciones”.
Es verdad. Desgraciadamente prácticamente todas las
fotos cercanas de las operaciones fueron tomadas con la cámara
de Andres, quien, sin duda para mayor comodidad del investigador,
se ocupaba de revelar el mismo los carretes y seleccionar
las mejores imágenes que después entregaba al
periodista o investigador de turno. Los que, como yo, tuvimos
permiso de Andrés para tomar fotos con nuestra propia
cámara, tuvimos que hacerlo desde detrás de
la línea de sal. Aunque, justo es reconocer, que en
alguna ocasión se ha podido tomar fotos detalladas
utilizando un potente teleobjetivo... pero ya me referiré
a esas reveladoras fotos. En cuanto a los videos, ocurre lo
mismo. No ha permitido grabar a terceros ninguna operación
integra en la que se vea como abre y cierra el cuerpo. Y en
las mejores imágenes, como la operación de cerebro,
no se ve en ningún momento la cara de la persona operada,
y ni siquiera se aprecia con claridad si se trata de un cerebro
humano. Y lo más grave y desconcertante, el trozo de
película en que debería verse como abre y cierra
el cráneo, han sido borrados de la película
¿¿¿???
“Hay operaciones irrefutables, como las de testículos,
que están fotografiadas”. También es verdad.
Y Andrés me obsequió con algunas fotografías
espectaculares, de esa operación en concreto. Es una
lástima que, si bien aparece con lo que parecen dos
testículos en sus manos, mostrándolos a la cámara,
el individuo operado aparece con la entrepierna (donde supuestamente
han extraído los testículos) tapada con algodones
ensangrentados, y no es posible ver que la bolsa de los testículos
esta vacía, lo que si demostraría que los testículos
del paciente son los que están en las manos de Andres...
o al menos que a dicho paciente le habían extirpado
los mismos. Algún malpensado llegó a sugerir
que en realidad Andrés tenía en las manos criadillas
de cordero, y que los testículos del paciente estaban
ocultos bajo los algodones blancos que se encuentran rodeando
el pene en esa intervención...
“Muchos médicos han visto las operaciones y
no han visto truco”. Naturalmente los médicos
son personal cualificado para evaluar la salud de una persona
y, todo lo más, para examinar el historial clínico
de un paciente, antes y después de una intervención
de Andrés. Pero los médicos, como cualquier
otro científico, no tienen cualificación para
descubrir las técnicas que un ilusionista utiliza en
sus espectáculos. Yo mismo he actuado en infinidad
de ocasiones ante profesionales de la medicina, que no han
podido adivinar cuales son las técnicas de prestidigitación
que utilizo en mis demostraciones de falsa telepatía,
falsa telekinesis, falso espiritismo, etc. Naturalmente, que
los médicos pudiesen ser engañados por un mago,
no significa necesariamente que Andrés lo fuese.
“Andrés es capaz de diagnosticar tu enfermedad
solo mirando en una tinaja con agua, sin haberte visto antes
en su vida”. En este caso, tan solo podríamos
sentirnos un poquito desconfiados si nos paramos a pensar
que la esposa de Andrés, encargada de coger las citas
para cada consulta, a veces con semanas de anticipación,
pregunta el nombre del enfermo y la causa de su enfermedad
a la hora de cerrar la cita para un día y hora determinado.
Alguien un poco crítico podría pensar que en
su esposa la que informa a Andrés de la enfermedad
por la que acude cada paciente antes de que este entre en
la sala de operaciones, y sus 15 años de experiencia
con la psicología callejera de los Testigos de Jehová,
y años de experiencia como curandero, le permiten deducir
el resto...
“Andrés es un humilde trabajador de un almacén,
y casi no tiene dinero para vivir”. Es verdad que Andrés
paga a Hacienda a través de una empresa OFRAN MALAGA
SL, propiedad del hermano de su vecina y principal defensora.
Aunque eso solo demuestra que estafaba a Hacienda y nada tiene
que ver con que tuviese o no poderes paranormales. Por otro
lado el hecho de que tuviese al menos dos casas, una en Campanilla
y otra en Casarabonela; al menos dos coches, un utilitario
destartalado con el que iba a la consulta y un flamante todoterreno
con el que viajaba a su finca en el campo; un lujoso mobiliario
en ambas casas, etc. nos sorprende. Desde luego Andrés
no es un hombre de clase baja, como pretendían sus
devotos (un servidor, familiarizado con el trabajo de muchas
ONGs españolas sabe distinguir una familia de pobres
recursos, y la de Andrés no se ajusta ni de lejos a
ese perfil). Sin embargo, que haya recaudado una pequeña
fortuna personal, no significaba tampoco, al menos a mi juicio,
que su poderes no fuesen genuinos. Uri Geller es mucho más
rico y yo no he podido encontrar explicación para todos
sus presuntos poderes PSI...
En otras palabras: los testimonios de sus devotos no probaban
que Andres tuviese auténticos poderes sobrenaturales.
Y el mismo curandero ponía muchas trabas - al no permitirnos
atravesar la barrera de sal para presenciar con detalle como
abría o cerraba el cuerpo, al no permitirnos analizar
alguno de los tumores extraídos, al no permitirnos
contrastar los historiales médicos de los pacientes
(apelando a su “secreto profesional”), etc-, para
probar dichos poderes. Vamos, que si quería averiguar
que los dones sobrenaturales de Andrés eran reales,
y demostrarlo, tendría que hacerlo al margen de su
propia colaboración.
Acudí a muchos investigadores expertos, que visitaron
a Andrés, para reunir sus opiniones. Con algunos, como
el equipo del Padre Pilón, llegamos al extremo de visitar
la consulta donde operaba, en un día sin pacientes,
para “medir” hasta los campos magnéticos
existentes en dicho local, en busca de la supuesta “energía
sobrenatural” de la que hablaban sus seguidores. Algunos
de los componentes del equipo del Padre Pilón, habían
presenciado también las operaciones de Andrés,
e incluso habían podido fotografiarlas, pero, como
en mi caso, desde más alla de la línea de sal.
Contrastando nuestro puntos de vista, todos compartíamos
un prudente escepticismo en torno a las capacidades paranormales
de Andrés.
Luisa Alba, la investigadora mas pertinaz, insistente y tenaz
de este caso, también se sentía escéptica,
cuando, tras cuatro años de defensa a ultranza del
curandero, había podido obtener una muestra orgánica
de una de las operaciones. El análisis, para su sorpresa,
frustración y desencanto, reveló que no se trataba
de restos humanos... si no de ave...
Naturalmente se trataba de la palabra de Luisa contra la
de Andrés, y yo no sería justo ni objetivo si
confiase a priori en uno de los dos, así que me las
apañe para obtener, personalmente, una muestra del
algodón empapado en sangre de la paciente tras una
de las operaciones que presencié. Conservo la mitad
de la misma, y la otra mitad se envió a un laboratorio
para su análisis de ADN (análisis, por cierto,
costosísimo). Los resultados a ese análisis,
tardarían semanas en llegar a mis manos. Y mientras
la investigación continuaba.
Una forma de demostrar que las capacidades sobrenaturales
de Andrés y de Jonathan, el ser espiritual que le guía
en las operaciones y los diagnósticos eran genuinos,
era falseando la causa de la consulta. Sin duda, sino la clarividencia
de Andrés si los poderes del sobrenatural Jonathan,
descubrirían le pequeña broma, dándonos
una prueba irrefutable de sus poderes. Y así pedimos
cita para falsos enfermos, que acudían con una dolencia
errónea. Andrés tenía ahora la oportunidad
de demostrarnos que su mensaje espiritual es real; que el
más allá de los sentidos existe; que Jonathan
y otras formas de vida no humana son reales... Pero Andrés
se limitó a repetir el diagnóstico falso que
habíamos dado a su mujer por teléfono... ¿cómo
era posible? ¿tal vez tenía un mal día?
¿Acaso Jonathan estaba despistado esa tarde?
Repetimos la experiencia una, y otra, y otra, y otra, y otra
vez. Y en cada ocasión intentábamos dejárselo
más fácil a Andrés para que descubriese
nuestro inocente engaño. Al fin y al cabo, si uno de
nuestros ganchos decía que tenía ulcera, y Andrés
le operaba de la misma, quizás es que realmente nuestro
enfermo tuviese la ulcera ficticia y no lo supiera... (Sabía
que este sería el argumento que intentarían
utilizar sus defensores). Así que terminamos por rizar
el rizo hasta límites inverosímiles. Por ejemplo,
tomándonos la molestia de llevar a nuestro gancho a
un médico para que certificase con el consiguiente
informe, el impecable estado del órgano que diríamos
a Andrés que estaba enfermo. Andrés ratifico
que estaba enfermo y “operó” el órgano
sano. Repetimos este experimento en muchos casos, y nos costaba
creer que fuese tan sencillo engañar a Jonathan, y
a los poderes clarividentes de Andrés y su palangana.
Así que decidimos ir aún más allá,
y llegamos a enviar, por ejemplo a una mujer cuya matriz había
sido extraída (según demuestra el informe médico
que obra en mi poder, redactado por el Dr. Nogales, del Dpto.
de Ginecología del Hospital Costa del Sol), para que
Andrés la operase de la matriz... y lo hizo.
Pero el colmo de los colmos, y la evidencia demoledora, kafkiana
y casi humorística, nos llega de las manos de David
N. M., un joven gay malagueño, que accedió a
vestirse de mujer, y a solicitar una consulta ginecológica
con Andrés... Andrés Ballesteros, su palangana,
y su guía extraterrestre Jonathan no solo no ratificaron
que David tenía un problema ginegologico, sino que
Andrés OPERO A DAVID PARA EXTIRPARLE QUISTES OVARICOS¡¡¡
Si no fuese por el drama humano que se esconde tras los miles
de personas que pusieron su salud en las manos de Andrés,
algunos de los cuales –ya terminales- fallecieron, este
esperpéntico episodio de la parapsicología española
merecería una caricatura. Pocas veces un curandero
ha hecho gala de tan parcos poderes clarividentes como para
operar de los ovarios a un joven gay vestido de mujer...
Antes de emitir una conclusión final a Luisa Alba,
quien repito que solicitó mi opinión como investigador
especializado en fraudes y como ilusionista, recopilé
toda la información posible, añadiéndola
a mis propias pesquisas. Debo agradecer a la Sociedad Parapsicológica
de Málaga, al equipo del Padre Pilón, y a otros
muchos investigadores y periodistas que realizaron sus propias
pesquisas sobre Andrés Ballesteros, que me facilitasen
una brutal cantidad de fotos, videos, documentos y testimonios,
con los que podrían escribirse varios libros en torno
al caso del “hombre milagro” de Campañillas.
Tras realizar un examen detallado y minucioso de las mismas,
entregué a Luisa Alba las conclusiones que me había
pedido. Mi opinión personal (y subrrayo lo de PERSONAL)
era la siguiente:
- Andrés Ballesteros utilizaba una luz química
para realizar el efecto de la “luz” que ponía
a sus pacientes; por esa razón los enfermos entraban
a recibir la luz cuando Andrés ya estaba esperándoles
en la habitación en penumbra, y con dicha luz saliéndole
de las manos. Nadie vio nunca como se generaba ni como desaparecía
la luz de las mismas, ya que tenía que ponerse la pintura
y quitársela a solas. Dicha luz sale totalmente simplemente
con un chorro de agua. Es de justicia reseñar que debo
a Luis López Vilas este descubrimiento.
- Andrés utilizaba las vísceras de varios animales,
algunos de los cuales yo vi en su finca de Casarabonela, para
falsear los tumores, testículos y vísceras extirpados
en las operaciones. Dichas vísceras serían ocultadas
en el cesto de los algodones que usaba en cada operación,
y que Andrés colocaba sobre la camilla al lado del
paciente. Entre operación y operación su esposa
“cargaba” la cesta con los pedazos de carne, columna
de cerdo, higados, etc, que sabía que su esposo iba
a necesitar en la siguiente intervención, ya que tenía
en su libro de citas unas indicaciones sobre la enfermedad
de cada nuevo paciente.
- La sangre que Andrés utilizaba en cada operación
debería estar oculta en un FP (un instrumento que utilizamos
los ilusionistas) y que podría ocultar en un bolsillo
o en la misma cesta, antes de cada operación. Muchos
de sus seguidores me habían contado numerosas experiencias
paranormales que habían vivido con Andrés, como
“la Cena del Señor” en que convertía
agua en sangre, etc, que resultaban idénticas a los
efectos de “magia química” conocidos hasta
por los prestidigitadores más torpes.
- La espectacularidad de las intervenciones, y el shok emocional
que producían en el enfermo, podría favorecer
auténticas sanaciones, o al menos la mejoría
de los enfermos, en un grado directamente proporcional a la
fe que tuviesen en el curandero dichos pacientes.
- En conclusión, Andrés Ballesteros no poseía,
a mi juicio, ningún tipo de capacidad paranormal.
A pesar de que Luisa Alba ya se encontraba en una fase mucho
más crítica para con el curandero, se resistía
a aceptar mis conclusiones, sugiriendo que quizás en
el fondo Ballesteros si tuviese alguna facultad aunque tuviese
que recurrir al fraude de vez en cuando. Pero a medida que
las evidencias contra Andrés se iban acumulando, evolucionó
su criterio al de que todo era un fraude.
El pasado 10 de octubre, y tras acumularse varias denuncias
contra Andrés, reforzadas por las pruebas que habíamos
recopilado varios investigadores independientes, el grupo
de fraudes del Cuerpo Nacional de Policía de Málaga
procedió a la detención de Andrés, y
al registro de su consulta en plena intervención, descubriendo
las vísceras de animales, y demás elementos
necesarios para la elaboración de sus engaños.
Solo me equivoque en lo de la sangre. No la portaba en un
FP sino en un simple preservativo, que llevaba entre los algodones,
y que rompía con la uña durante las intervenciones
para que la sangre “manase” del cuerpo del enfermo...
Inmediatamente quien esto firma fue añadido a la lista
negra de Andrés Ballesteros y, al igual que Luisa Alba
antes, comencé a recibir amenazas e insultos muy agresivos,
por atreverme a cuestionar los milagros del estigmatizado
de Campanillas.
Otros amigos y familiares de Andrés, que me confirmaron
personalmente que Andrés no “recibió”
los estigmas a los 33 años, ni practica la cirugía
psíquica hace 20, etc, etc, etc (ya que dichos amigos
y familiares han vivido con el y lo conocen desde niño
y saben que todos estos “fenómenos” no
existían hasta hace 6 u 8 años), también
están recibiendo ahora insultos y amenazas.
Necesitaría muchas páginas para detallar todos
y cada uno de los trucos que empleaba Andrés Ballesteros
para “licuar” la sangre, para “limpiar los
chakras”, para realizarse los “estigmas”,
para “adivinar” el pensamiento de sus pacientes,
etc. Pero todos y cada uno de esos “prodigios”
son fáciles de repetir y de superar por cualquier ilusionista.
La fe de los pacientes hacía el resto. Ellos, como
yo, también tenían una necesidad enorme por
creer. También tenían hambre de Verdad. Pero
ellos no fueron capaces de distanciarse emocionalmente del
curandero para mantener la perspectiva racional. Y aseguro
que no es fácil.
El amor que profesaban, y profesan, muchos de sus seguidores
más devotos se convirtió en odio contra sus
detractores, canalizando hacia nosotros las amenazas, insultos
y más crueles difamaciones. En este sentido sin duda
Luisa Alba ha tenido que sufrir, y aun sufre, el acoso más
sádico y feroz. Yo, en estos momentos, también
estoy recibiendo insultos y amenazas de sus seguidores mas
irracionalmente fieles. Sin embargo no puedo menos que encajarlos
y disculparlos, porque se que, en el fondo, tan solo es la
fe en que Andrés Ballesteros es un ser divino, la que
mueve la ira de sus seguidores hacia quienes hemos contribuido
en desenmascarar el fraude. Pero eso no me hace sentir mejor.
La sensación es exactamente la misma que sufrí
cuando regresaba de Haití, tras encontrarme con los
falsos “diablos”, o cuando me encontré
con el origen terrestre de los ummitas, o cuando descubrí
que los “poderes” de tantos y tantos mediums,
videntes y paragnostas, eran torpes trucos de ilusionismo...
Es posible que mi ego se sienta satisfecho, intelectualmente,
por haber descubierto el engaño. Pero, joder, como
me habría gustado que fuese auténtico...
Una de las llamadas que he recibido estos días me
espetó que yo era un hijo de puta, porque ahora mucha
gente, que por sugestión podría haberse curado
gracias a la puesta de escena de Andrés, ya no podrá
sanarse por mi culpa... Y quizás tengan razón.
“¿Qué importa si hace truco, si la gente
se cura?”, me dijo esa mujer... Tal vez debería
haber guardado el fruto de mi investigación en un cajón,
y tal vez debería mentir cuando me preguntasen si creía
que los poderes de Andrés eran auténticos...
Tal vez así su consulta continuaría llenándose
de enfermos, y tal vez algunos de ellos mejorasen su salud
o incluso llegasen a curarse... Tal vez.
Probablemente muchos de los seguidores de Andrés,
entre los que me he encontrado empresarios, políticos,
y componentes de algunas de las familias más importantes
de España, incluyendo la Familia Real, también
se sientan furiosos con nosotros por haber destrozado la credibilidad
de Andres Ballesteros. Pero juro que eso no me preocupa tanto
como la profunda congoja de quienes han visto rotas sus ilusiones
por haber creído en los poderes del “hombre milagro”
de Málaga. Por ellos, y por no haber sido capaz de
cerrar este caso hace tres años, es por lo que siento
esta enorme tristeza. Se lo que se siente al perder la fe,
y no es un sentimiento agradable. Conozco esa terrible sensación
de vacío, como si el suelo se abriese bajo tus pies.
Conozco la sensación de ridículo, de pudor,
de culpabilidad. Conozco la rabia y la frustración.
El daño que ha generado este caso al mundo paranormal
tal vez sea irreparable. La desconfianza hacia los verdaderos
sanadores éticos, la merma en la credibilidad de los
investigadores de lo paranormal, una mayor incredulidad en
el mundo del misterio...
Pero Andrés Ballesteros no es el final del camino.
Es solo una etapa, amarga pero instructiva, de la que podemos
aprender todos. Sobretodo ellos, sus devotos, que tendrán
que ahogarse en su propia ira, o ponerse en pie, dejar a un
lado la muleta espiritual que habían encontrado en
Andrés, y seguir caminando solos. Nadie va a ganar
el cielo por nosotros... ni siguiera Andrés Ballesteros.
Si se tratase solo de un impositor de manos, de un magnetizador,
etc, tal vez podríamos aludir a un fraude inconsciente...
tal vez podríamos imaginar que su intención
era buena y que se dejó llevar por la masa... Pero
Andrés tenía que preparar cada noche las viscerás
que iba a utilizar al día siguiente. Tenía que
introducir la sangre en los preservativos añadir un
anticoagulante y colocarlos en la nevera... Tenía,
en términos criminológicos, que ejercer la premeditación
y la nocturnidad. Y como me gustaría saber en que pensaba
Andrés cuando preparaba todas las “herramientas”
del engaño, noche tras noche, para ser utilizadas al
dia siguiente con sus devotos y rendidos pacientes... ¿En
dinero? ¿En fama? No lo creo. A mi juicio, y aunque
sería extenso desarrollar esta idea, su móvil
era otro: el poder. Hombre de profundas creencias religiosas
se vio, de la noche a la mañana, impulsado a lo más
alto de la fe. Ya no solo era un creyente, un Testigo de Jehová
comprometido con la Biblia. Ahora él era el objeto
del culto que anteriormente había profesado. Ahora
Andrés Ballesteros era el Mesías, el guía
espiritual de miles de personas. Y esa forma de poder, embriaga.
En este momento todas las cartas están sobre la mesa.
Si yo estoy equivocado y Andrés Ballesteros y su ser
espiritual Jonathan, poseen poderes sobrenaturales, bastará
con que hagan una sola operación, ante el juez, sin
línea de sal, ni oscurantismos de por medio. Yo mismo
me ofrezco como conejillo de indias para esa operación.
Y si Andrés Ballesteros, ante el juez, es capaz de
“adivinar” mi mal, abrir mi cuerpo con la energía
de sus manos, y extraer el órgano enfermo para sanarlo...
me retractaré de todo lo dicho, y aceptaré que
es un ser sobrenatural, que Jonathan es una criatura de otro
mundo, que hay un más allá, y todo lo que él
desee enseñarme. Pero mientras mantendré que
el “hombre milagro” es un extraordinario manipulador,
responsable de la mayor y más sádica de las
crueldades. La que exprime las emociones, los sentimientos
y las creencias de los semejantes –sean campesinos o
reyes- en beneficio propio. Andrés no es un Mesías,
sino uno de los charlatanes que Jesús expulsó
del Templo a patadas, por traficar con el nombre de Dios...
MANUEL CARBALLAL (www.mundomisterioso.com)
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